miércoles, 1 de julio de 2015



Quién le puso nombre a la Luna?
Autora: Mirta Goldberg



¿Quién le puso nombre a la Luna?
¿Habrá sido la laguna, que de tanto verla por la noche decidió llamarla Luna?
¿Quién le puso nombre al elefante? ¿Habrá sido el vigilante, un día que se paseaba muy campante?
¿Quién le puso el nombre a las rosas? ¿Quién le pone nombre a las cosas?
Yo lo pienso todos los días. ¿Habrá sido un señor que se llama Ponenombres que saca los nombres de la nombrería?
¿O la arena sola decidió llamarse arena y el mar solo
decidió llamarse mar? ¿Cómo será?
(Menos mal que a mí me puso
el nombre mi mamá.)


Escribir el propio nombre
Al aprender a escribir el propio nombre, los niños del jardín cuentan con una fuente importante de información sobre el sistema de escritura: cuántas y cuáles letras presenta el nombre y qué es lo que estas letras representan, cómo dichas letras se organizan especialmente al escribirse, cuáles son sus formas, en qué se diferencian y en qué se parecen a las de los nombres de sus compañeros... Al aprender a copiar el nombre, el sistema de escritura, en su complejidad, se instala como objeto de discusión en  la sala.
Pero poder reproducir correctamente esta escritura no significa que los alumnos sepan escribir de manera convencional.

Enseñar a copiar el nombre en la sala es enseñar una práctica con sentido. Lejos de constituirse en ejercicios de reproducción repetitivos, de "copiar por copiar", es una situación de escritura que resulta pertinente desde el punto de vista de la práctica social y personal: cuando firman sus trabajos, cuando identifican pertenencias, cuando registran los nombres de los responsables de una actividad.

Luego en grupo iran descubriendo  algunas características de las escrituras ej. nombres que empiezan/teminan  igual, cuales son mas largos cuales mas cortos....cuantas partes (sílabas) tienen...etc.




Aquí les dejo un cuento: Nació mi nombre de Ana García










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